Gracias a los grandes avances de la tecnología y al gran crecimiento que ha tenido dentro del mundo de los transportes, las energías y la sostenibilidad, en los últimos años el debate sobre la rentabilidad de los coches eléctricos se ha convertido en un habitual.
Desde IDEA TSG hemos decidido analizar objetivamente si la inversión en un vehículo de estas características compensa a largo plazo, trayendoos este artículo en el que explicamos los factores clave que determinan su utilidad, los costes que suponen, la amortización que se recibe y las ventajas que genera.
Comparativa del coste total: el verdadero indicador de la rentabilidad de los coches eléctricos
Una de las mejores formas para determinar la rentabilidad de un coche eléctrico es atendiendo al coste total de propiedad, que incluye el precio de compra, los costes de mantenimiento, el combustible (o la electricidad), los impuestos y el valor residual del vehículo tras los años de uso.
Aunque, a día de hoy, gracias a los avances tecnológicos y las políticas de apoyo gubernamentales la diferencia del coste inicial de un coche eléctrico y uno de combustión interna, se está reduciendo poco a poco, la realidad es que los primeros continúan siendo más caros que los segundos. Sin embargo, hay que destacar que, con el paso del tiempo, esa diferencia va desapareciendo, ya que los costes de operación son bastante menores en los vehículos eléctricos
Si comparamos con un coche de gasolina o diésel:
- El coste por kilómetro en electricidad es entre un 50% y un 70% inferior.
- El mantenimiento es hasta un 40% más barato. Los coches eléctricos tienen menor cantidad de piezas móviles y no cuentan con elementos como el aceite del motor o la correa de distribución, cuyo coste de reparación es elevado.
- Los vehículos eléctricos están exentos de ciertos impuestos y, en algunos países poseen importantes reducciones fiscales.

Amortización y comparativa del coste total: cuándo empieza a ser rentable un coche eléctrico
Lo más común entre los compradores de vehículos eléctricos es preguntarse cuánto tiempo tardarán en compensar esa diferencia del coste inicial.
Para responder a esa pregunta, los usuarios han de tener en cuenta que la amortización de la inversión depende de diversos factores como: el precio del combustible, la tarifa eléctrica que tengan, el uso diario que le dan al vehículo, las ayudas públicas disponibles.
A pesar de que resulta complicado hacer una estimación exacta de cuándo se recuperará la inversión inicial, algunos informes, como el realizado por World Economic Forum, señalan que en contextos urbanos, con un uso medio del vehículo (alrededor de 15.000 km/año), la diferencia en el coste inicial de un coche eléctrico podría llegar a amortizarse en unos 3 o 6 años.
Ventajas adicionales que refuerzan la rentabilidad
Algunas ventajas que fortalecen la rentabilidad de los coches eléctricos son:
- Acceso a zonas restringidas. En muchas ciudades, los vehículos de combustión tienen restricciones de circulación, mientras que los eléctricos tienen acceso libre a zonas de bajas emisiones, a carriles preferentes e incluso pueden estacionarse gratuitamente.
- Incentivos gubernamentales. En la mayoría de los países europeos y en algunas regiones de Latinoamérica, los gobiernos ofrecen subvenciones, descuentos en impuestos y diversas ayudas para fomentar la electrificación del transporte.
- Valor futuro del vehículo. A pesar de la escasa popularidad del mercado de segunda mano eléctrico, lo más probable es que, en un futuro, cuando los coches de combustión sean menos demandados, los vehículos eléctricos con buena autonomía y baterías en buen estado conserven un valor residual más alto en el tiempo.
- Sostenibilidad y marca. Muchas empresas obtienen ventajas comerciales, alianzas estratégicas y una mayor reputación al trabajar con vehículos eléctricos.

Mantenimiento más económico y sencillo
Uno de los factores que más determina el coste total de los coches eléctricos es su mantenimiento. A diferencia de los motores térmicos, los eléctricos tienen una arquitectura más simple:
- No hay cambios de aceite, de filtros, de bujías ni sistemas de escape que mantener.
- Gracias a la frenada regenerativa, las pastillas de freno duran más, por lo que hay que cambiarlas con menos frecuencia.
- No se requiere una caja de cambios compleja.
Si todos estos factores se vuelcan en cifras, el resultado es que el mantenimiento de un coche eléctrico puede llegar a costar entre un 30% y un 50% menos que el de uno de combustión. Esto además de suponer un ahorro económico, también implica menos tiempo en el taller y mayor disponibilidad del vehículo para su uso.

Beneficios en ciudad
Los beneficios que un coche eléctrico ostenta en la ciudad son múltiples. Entre los más destacados se encuentran:
- Eficiencia energética: En ciudad, el tráfico, las frenadas y los trayectos cortos son más frecuentes, lo que favorece la eficiencia del motor eléctrico frente al térmico.
- Ruido: Los vehículos eléctricos son mucho más silenciosos que los de combustión, lo que ayuda a reducir la contaminación acústica.
- Cero emisiones locales: Los coches eléctricos también ayudan a reducir la contaminación del aire y la huella de carbono, ya que no emiten gases durante la conducción.
- Facilidades administrativas: Como se ha señalado anteriormente, el acceso a zonas restringidas y el aparcamiento gratuito son ventajas muy favorables a estos vehículos.

Evolución de los costes de fabricación
En los últimos años, gracias a la disminución del precio de las baterías, que representa en torno al 40% del precio del vehículo, el coste de fabricación de los coches eléctricos se ha reducido considerablemente.
Desde Idea TSG, observamos que esta evolución favorable en los costes de fabricación de los vehículos eléctricos está acelerando su democratización. Lo que antes era una opción exclusiva, ahora se encuentra al alcance de muchos más usuarios.
Mientras que en 2013 un coche eléctrico podía costar en torno a un 50-80% más que uno de combustión, hoy en día, esa diferencia se ha reducido a un 10-20%. Ese descenso en el precio de las baterías ha permitido el desarrollo de modelos más asequibles, con mayores autonomías y mejores prestaciones. Además, el avance en tecnologías de reciclaje y segunda vida de baterías está disminuyendo aún más los costes y mejorando la sostenibilidad general del ciclo de vida del vehículo.
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